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Hidrógeno, ¿la eterna promesa?

Durante décadas, el hidrógeno ha aparecido en las previsiones energéticas como una de las grandes alternativas a los combustibles fósiles. Su potencial es conocido: puede producirse a partir de agua y electricidad renovable, almacenarse, transportarse y utilizarse en sectores donde electrificar directamente resulta complejo.

Pero el hidrógeno también arrastra una contradicción fundamental: no es una fuente primaria de energía. Es un vector energético. Para producirlo hay que invertir energía, y después hay que almacenarlo, transportarlo y volver a convertirlo en energía o utilizarlo como materia prima.

Por eso, la pregunta ya no es si el hidrógeno puede formar parte de la transición energética. La cuestión es dónde tiene sentido utilizarlo y si será capaz de alcanzar una escala y unos costes competitivos.

El hidrógeno no es una fuente de energía

El hidrógeno es el elemento químico más abundante del universo, pero en la Tierra no suele encontrarse libre en cantidades aprovechables. Para utilizarlo como vector energético hay que separarlo de otros compuestos.

En el caso del hidrógeno renovable, el proceso se realiza mediante electrólisis: se utiliza electricidad para separar las moléculas de agua (H₂O) en hidrógeno (H₂) y oxígeno (O₂). Cuando la electricidad procede de fuentes renovables, el proceso puede realizarse sin emisiones directas de CO₂.

Esta distinción es importante. El hidrógeno no genera energía por sí mismo: permite almacenar, transportar o transformar energía que previamente ha sido producida por otra fuente.

Ahí reside precisamente una de sus principales ventajas. El hidrógeno puede actuar como una especie de puente entre electricidad, industria, transporte y almacenamiento energético.

¿Por qué se habla tanto de hidrógeno verde?

La electrificación directa es una de las principales vías para reducir las emisiones. Sin embargo, no todos los procesos industriales pueden electrificarse con facilidad.

La industria siderúrgica, determinados procesos químicos, la producción de fertilizantes o determinados segmentos del transporte pesado necesitan grandes cantidades de energía o moléculas combustibles durante periodos prolongados. En estos casos, sustituir directamente combustibles fósiles por electricidad puede resultar técnicamente complejo o económicamente poco eficiente.

Es aquí donde el hidrógeno renovable adquiere relevancia.

Puede utilizarse como materia prima industrial, combustible, medio de almacenamiento energético o componente para producir derivados como amoniaco, metanol o combustibles sintéticos. También puede emplearse en determinados segmentos del transporte pesado y marítimo.

Por tanto, su principal oportunidad no está necesariamente en sustituir a la electricidad, sino en cubrir aquellos espacios donde la electrificación directa tiene mayores dificultades.

Illuminated industrial gas facility in Rotterdam, showcasing equipment and tanks against a twilight backdrop.

La gran ventaja, almacenamiento y transporte de energía

Una de las características más interesantes del hidrógeno es que permite desacoplar el momento y el lugar de producción del momento y el lugar de consumo.

Una instalación renovable puede producir electricidad cuando las condiciones solares o eólicas son favorables. Parte de esa electricidad puede utilizarse para generar hidrógeno, que posteriormente puede almacenarse y transportarse.

En teoría, esto permite convertir electricidad renovable en una molécula que puede ser almacenada durante periodos prolongados y trasladada allí donde exista demanda. Enagás señala precisamente esta capacidad de almacenamiento y transporte como uno de los elementos que permiten al hidrógeno complementar el sistema eléctrico.

Pero convertir electricidad en hidrógeno y posteriormente volver a convertir ese hidrógeno en electricidad implica pérdidas energéticas. Por eso, cuando la electrificación directa es técnicamente viable, suele existir una ventaja de eficiencia en utilizar la electricidad directamente.

El hidrógeno tiene más sentido allí donde esas pérdidas pueden compensarse por su capacidad de almacenamiento, transporte o utilización industrial.

Freight train passing through Hamburg port, showcasing rail transport and global commerce.

El problema que acompaña al hidrógeno desde el principio: el coste

La promesa tecnológica tiene un problema económico.

La producción de hidrógeno mediante electrólisis requiere grandes cantidades de electricidad renovable y equipos específicos. A ello se añaden los costes de compresión, almacenamiento, transporte y distribución.

Iberdrola identifica entre las principales dificultades el coste de producción y el elevado consumo energético asociado al proceso. También señala que el hidrógeno requiere medidas específicas de seguridad debido a sus características físicas y a su elevada inflamabilidad.

National Geographic planteaba ya una cuestión similar: si el hidrógeno presenta tantas ventajas, ¿por qué no se ha convertido antes en la alternativa dominante? La respuesta se encuentra precisamente en la dificultad y el coste de producirlo de forma competitiva.

Esto explica una de las paradojas del sector: producir hidrógeno verde a gran escala requiere enormes cantidades de electricidad renovable. Es decir, el desarrollo del hidrógeno depende en buena medida de que antes exista suficiente generación renovable barata.

Aerial shot of a gas terminal featuring LNG storage tanks and tanker ships in turquoise waters.

España quiere convertir el problema en una oportunidad

La biotecnología continúa formando parte del grupo de sectores que reciben grandes rondas de financiación, especialmente en Europa.

El segundo trimestre de 2026 estuvo marcado por importantes operaciones europeas relacionadas con IA aplicada a salud y biotecnología. Isomorphic Labs, especializada en el uso de IA para descubrimiento de fármacos, captó 2.100 millones de dólares.

La convergencia entre computación, inteligencia artificial y ciencias de la vida está creando un nuevo campo de inversión.

El atractivo para los fondos reside en la posibilidad de utilizar herramientas computacionales para acelerar procesos tradicionalmente largos y costosos: descubrimiento de medicamentos, análisis molecular, diagnóstico, diseño de proteínas o investigación clínica.

H2med: de la producción ibérica al corazón industrial europeo

H2med pretende conectar la península ibérica con Francia y, desde allí, con el centro y norte de Europa.

El proyecto contempla dos grandes infraestructuras. CelZa conectará Portugal y España mediante un trazado de 270 kilómetros y una capacidad máxima prevista de 0,75 millones de toneladas de hidrógeno al año. BarMar será una conexión submarina de aproximadamente 400 kilómetros entre Barcelona y Marsella, con una capacidad máxima prevista de 2 millones de toneladas anuales.

La puesta en servicio está prevista para principios de la década de 2030. En julio de 2026, Enagás informó de que BarMar había iniciado la fase de ingeniería de detalle tras completar la ingeniería básica.

El objetivo es crear una conexión entre la capacidad renovable de la península ibérica y los grandes centros industriales europeos que necesitarán moléculas renovables para reducir sus emisiones.

Es una cuestión que trasciende al sector energético. Si el modelo funciona, el hidrógeno puede convertirse en una pieza de la política industrial europea, conectando generación renovable, industria, infraestructuras, inversión y comercio energético.

opengraph h2med 2025

Una nueva cadena industrial

El desarrollo del hidrógeno no consiste únicamente en construir electrolizadores.

Hace falta desarrollar una cadena completa: generación renovable, electrolizadores, almacenamiento, compresión, transporte, distribución, equipos industriales, sistemas de seguridad, certificación y consumidores capaces de utilizar el hidrógeno.

También aparecen nuevas oportunidades alrededor de sus derivados. El hidrógeno puede combinarse con nitrógeno para producir amoniaco o con carbono para producir metanol y otros combustibles sintéticos. Estos productos pueden resultar especialmente relevantes para sectores como la industria química, el transporte marítimo o la aviación.

Esto convierte al hidrógeno en algo más que una tecnología energética. Puede convertirse en una nueva infraestructura industrial.

El riesgo de construir antes que exista la demanda

Sin embargo, existe un riesgo evidente: desarrollar infraestructuras y capacidad de producción más rápido que la demanda real.

Un sistema de hidrógeno competitivo necesita simultáneamente productores, consumidores, infraestructuras, regulación, financiación y precios suficientemente atractivos.

Si falta cualquiera de estas piezas, el mercado puede quedar atrapado en un círculo difícil de romper: los consumidores esperan a que exista una infraestructura suficiente; los productores esperan demanda; los inversores esperan proyectos económicamente viables; y las infraestructuras necesitan compromisos de utilización para justificar las inversiones.

Enagás identifica precisamente la necesidad de desarrollar un mercado paneuropeo competitivo, mejorar la claridad regulatoria, impulsar la innovación y fomentar la colaboración entre empresas y administraciones como algunos de los retos pendientes.

España ya está avanzando en esa dirección. El marco regulatorio continúa evolucionando y en julio de 2026 se aprobó el Real Decreto 611/2026, que introduce desde 2027 mandatos de venta o consumo de combustibles renovables de origen no biológico en el transporte.

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Entonces, ¿es el hidrógeno la energía del futuro?

Probablemente la pregunta está mal planteada.

El hidrógeno difícilmente será una sustitución universal de la electricidad, el petróleo o el gas. Sus características hacen que tenga más sentido en determinados segmentos que en otros.

Su valor está precisamente en cubrir aquellos espacios donde otras tecnologías tienen mayores dificultades: determinados procesos industriales de alta temperatura, materias primas químicas, transporte pesado, transporte marítimo, aviación mediante combustibles sintéticos y almacenamiento energético de larga duración.

La cuestión económica seguirá siendo determinante.

El hidrógeno verde necesita electricidad renovable abundante, electrolizadores más competitivos, infraestructuras de transporte y almacenamiento, regulación estable y compradores dispuestos a pagar por moléculas bajas en carbono.

Por eso, después de décadas de promesas, el hidrógeno se encuentra ante una etapa diferente. Ya no se trata únicamente de demostrar que técnicamente funciona. La tecnología existe. El desafío es construir un mercado capaz de hacerlo económicamente viable a gran escala.

España está apostando por ocupar una posición relevante en ese mercado mediante nueva generación renovable, infraestructura nacional y conexiones internacionales como H2med. El resultado dependerá de que producción, demanda, inversión e infraestructura evolucionen al mismo ritmo.

El hidrógeno puede dejar de ser una promesa. Pero para conseguirlo tendrá que demostrar algo más difícil que su potencial tecnológico: que puede convertirse en una pieza competitiva de la economía energética e industrial europea.

Fuentes

Enagás, Qué es el hidrógeno verde y para qué se utiliza; Enagás, Red de hidrógeno y H2med; Iberdrola, Qué es el hidrógeno verde y su importancia; National Geographic España, Ventajas e inconvenientes del hidrógeno como combustible alternativo; Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sitio web del Hidrógeno y Políticas y legislación.

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